Brexit: segundo acto de la tragedia británica

Desde «La Poética» de Aristóteles, casi todos los dramas se dividen esencialmente en tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. El Brexit no podía ser menos, y superado el primer acto entramos de lleno en la «atadura», el «enredo» o la «confrontación». Los griegos llamaban al segundo acto la epítasis, donde los padecimientos y tribulaciones del protagonista avanzan hacia el clímax…

Para los británicos, el segundo acto es directamente el de la «confrontación». Y eso es lo que le espera a Theresa May, que esta misma semana -y sin apenas tiempo para saborear su «éxito» en Bruselas- ha sufrido el impacto del primer «detonante» en ese teatro con tintes shakespearianos que es la Cámara de los Comunes.

El segundo acto del Brexit será corto pero intenso. En apenas dos meses, que pueden resultar explosivos, Theresa May tendrá que negociar con la UE las condiciones del «período de trasición» y lidiar al mismo tiempo con las dos facciones enfrentadas de su partido, en los trámites finales de la accidentada Ley del Brexit.

Hasta ahora, la voz cantante la habían llevado los «brexiteros» duros, con el titular de Exteriores Boris Johnson en el papel del «corifeo» o principal animador del coro (y el «traidor» Michael Gove amenzando con salir de nuevo a escena y clavar la puñalada certera). Al prolífico plantel de «Brexit, la tragedia» se acaba de incorporar ahora un nuevo personaje: el ex fiscal general Dominic Grieve, cabecilla de la rebelión de los «remoaners» (los que «gimen» por la permanencia).

Grieve ha recibido estos días amenazas de muerte, y eso demuestra hasta qué punto ha llegado la acritud en Londres. La tensión irá a más si los «rebeldes» vuelven a cerrar filas con la oposición laborista la próxima semana, cuando está prevista la votación de otra enmienda, esta vez para retirar la cláusula del 29 de marzo (a las 23:00 horas) como el momento irrevocabe en que se producirá el Brexit.

Hasta Bruselas llegan los ruidos de sables, de ahí la insistencia en abrir un paréntesis de dos meses antes de sentarse a negociar cuál será la futura relación del Reino Unido con la UE (ése será ya el tercer acto). En enero y febrero, las negociaciones se centrarán pues casi exclusivamente en la transición de dos años a la que aspira Theresa May justo después del Brexit.

«May tardó meses en aceptar la necesidad de esa fase intermedia que reclaman las empresas para amortiguar el impacto de la salida de la UE», recalca Jonathan Portes, profesor del Kings College y miembro del «think tank» UK in a Changing Europe. «La «premier» no dio su brazo a torcer hasta la vuelta del verano pasado, tras la insistencia del secretario del Tesoro Philip Hammond y pese a las resistencias internas de los partidarios del Brexit «duro» dentro de su gabinete».

Durante el «período de implementación» (como técnicamente se le conoce) el Reino Unido seguiría en el mercado único y en la unión aduanera, y acataría por tanto otros dos años la libertad de movimientos. En ese tiempo contribuiría también a los presupuestos de la UE, pero dejaría de ser miembro efectivo y no tendría previsiblemente voz ni voto en el Consejo Europeo (más o menos como Noruega).

Esa «permanencia transitoria en la UE por la puerta de atrás» sigue despertando grandes recelos en la facción pro Brexit del Gobierno May, que lo consideran como una claudicación: renunciar a todos los derechos y mantener sin embargo todas las obligaciones. El propio Boris Johnson se opuso durante meses a esa posibilidad alegando que atenta contra el lema «Take back Control» («Recuperar el Control») con el que venció el Brexit en el referéndum. Mordiéndose la lengua, Johnson ha aceptado finalmente una transición de dos años, pero ni un día más.

«Nuestra particular prioridad será ahora un acuerdo sobre el período de implementación para dar mayor certidumbre a las empresas británicas y del bloque de los 27», ha dicho Theresa May a su paso por Bruselas. Lo que está aún por ver es cuál será la respuesta entre los 27, entre los que empezará a haber las primeras fracturas. Unos ven con buenos ojos esta posibilidad (que equivale más o menos a dilatar el Brexit), mientras que otros consideran el Reino Unido no merece un trato de favor y debería asumir directamente las consecuencias de su decisión.

Lo que ocurra en los dos próximos meses marcará en cualquier caso la pauta para el tercer acto, que arrancará previsiblemente en marzo y podría prolongarse más de lo que el Gobierno May está dispuesto a reconocer. «El ministro para el Brexit David Davis asegura que quiere para el Reino Unido un acuerdo comercial con la UE que él mismo ha llamado «Canada plus, plus, plus»», recuerda la profesora de Leyes Europeas en Cambridge Catherine Barnard. «Davis prefiere olvidar que Canadá ha tardado siete años en negociar el tratado CETA, condensado en más de 2.000 páginas y en las que ha quedado fuera el sector financiero, que para nuestro país es fundamental».

«Como mucho, si todo ocurre según el guión, podemos llegar a octubre del 2018 con un acuerdo para el período de transición y con las líneas maestras del futuro acuerdo comercial, que tardaría aún varios años en fructificar», advierte Catherine Barnard, que no acaba de poner la mano en el fuego. «Sea cual sea el desenlace, las negociaciones del Brexit irán para largo. Aún no hemos visto nada»

 

“Brexit: segundo acto de la tragedia británica” elmundo.es 16 Diciembre de 2017 elmundo.es/internacional

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