‘Beg-packers’: así viven los mochileros occidentales que mendigan en Asia para pagarse las vacaciones

alfonsocoex Noticias Leave a Comment

Ricos pidiendo a pobres. No es el mundo al revés. Es la realidad que se vive cada día en muchas de las calles de las principales capitales del Sudeste asiático. Allí, a diferencia de lo estamos acostumbrados a ver en Occidente, los que están tumbados en el suelo y apoyados en las paredes con sus cartelitos no mendigan para comer, sino para seguir viajando.

Hablamos de los beg-packers. Término que nace de la modificación del vocablo inglés para designar al mochilero, backpacker, con la palabra beg (mendigar en español). Un nuevo, emergente y polémico fenómeno que el canal de noticias galoFrance 24 definía recientemente como aquellos jóvenes turistas occidentales que piden limosna, tocan música a cambio de alguna moneda o venden baratijas por la voluntad en las calles del Sudeste asiático para seguir pagando sus viajes o comprar su billete de vuelta a casa.

Una realidad que ha comenzado a convertirse en habitual en ciudades como Kuala Lumpur, Bangkok, Hong Kong, Bali o Singapur y a la que todavía no se acaban de acostumbrar los ciudadanos locales, extrañados de que estos turistas occidentales, bien vestidos, y en ocasiones acompañados de terminales electrónicos de última generación, se lancen a sus calles a pedir a gente con muchos menos recursos bajo el pretexto de seguir conociendo mundo.

Tan común empieza a parecer esta estampa que no es complicado encontrar cada vez más imágenes de beg- packers en las redes sociales. En casi todas ellas aparecen un par de chicos blancos -a menudo parejas- arreglados para la ocasión, acompañados de un cartel en el que, o bien en inglés o bien en la lengua local, piden donativos para seguir cumpliendo su sueño de continuar viajando alrededor del mundo.

Viajeros en la lista negra

 

De hecho, hasta se puede hablar ya de beg-packer stars o mochileros-mendigos estrella. Ese es el caso de Benjamin Holst, un beg-packer alemán al que se conoce en varias zonas de Asia como «el hombre de la pierna hinchada» (sufre macrodistrofia lipomatosa) y que es famoso por llevar varios años recorriendo el mundo gracias a las limosnas acumuladas en sus paradas.

Acusado por muchos de los testigos de sus performances de aprovecharse de su enfermedad para recaudar dinero en la calle y así seguir viajando, fue detenido el pasado año en Indonesia, donde se habla de la existencia de una lista negra de beg-packers.

Tanto en Indonesia como en Malasia o Tailandia -los países más infectados por estos nuevos mendigos de clase media- como en las redes sociales, donde el debate sobre la cada vez mayor presencia de estos mochileros es cada vez mayor, la reacción más frecuente es la indignación. Muchos se preguntan si es que estos viajeros son tan necios como para ignorar su condición de enormes privilegiados pidiendo sin rubor a cada parada a los que poco o nada tienen para gastárselo en su propio disfrute o si se trata, simplemente, de caraduras.

La otra cara de la moneda

Y es que cabe recordar que, dentro del amplio y heterogéneo grupo de mochileros que viajan recorriendo el mundo, los beg-packers no dejan de ser una minoría que, aunque cada vez más ruidosa, no representa en absoluto el tradicional espíritu aventurero y de integración con las culturas locales de los back-packers de toda la vida.

Un ejemplo de estos últimos son los mochileros que, una vez tienen decidido pasar un tiempo en una determinada zona para conocer de cerca cómo viven los locales, se integran en distintos proyectos sociales a cambio de comida y alojamiento convirtiendo su experiencia, además de en tremendamente económica, en mucho más gratificante.

Además de tocando música, vendiendo pequeñas artesanías o despachando fotos que han ido realizando a lo largo de sus viajes a cambio de una ayuda económica, otros, con la misma intención pero con algún gramo más de vergüenza, se han lanzado a plataformas como FundMyTravel donde, crowdfunding mediante, intentan organizar sus viajes a coste cero.

‘Beg-packer 2.0’

Ese es el caso de Evan Schellun joven canadiense de 17 años que ha abierto una cuenta en la citada web para recibir donativos que le ayuden a «cumplir mi sueño» de disfrutar de un año sabático a gastos pagados. Para ello, pide 3.675 dólares canadienses -unos 2.500 euros- de los que lleva ya acumulados 1.690 a falta de dos meses para que se cierre su campaña de recogida de fondos. Si todo va bien, a finales de verano se convertirá en un beg-packer 2.0.

Tanto Evan como Benjamin son la demostración de que muchos turistas occidentales han pasado de viajar fotografiando los desgastados rostros tercermundistas de locales que viven sumergidos en la más absoluta de las pobrezas a pedirles limosna para sufragar sus lujos del primer mundo.

Tal y como recuerdan a los beg-packers muchos de los que amablemente les dan la voluntad antes de seguir su camino: si no puedes asumir el gasto de tus viajes deberías quedarte en casa y ahorrar hasta que puedas.

 

“’Beg-packers’: así viven los mochileros occidentales que mendigan en Asia para pagarse las vacaciones” elmundo.es 24 de julio de 2017.www.elmundo.es/f5/comparte/2017/07/24/597202fc22601d62688b458f.html

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.