El futuro de la economía depende (mucho) de Alemania

Las razones de la desaceleración hay que buscarlas en las tensiones geopolíticas, los efectos del Brexit, las tensiones comerciales y, sobre todo, la incertidumbre asociada a todo ello

La semana pasada, en su ‘Informe sobre la economía global’, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía de la «desaceleración sincronizada» de la economía mundial en 2019 y revisaba a la baja su previsión de crecimiento para este año hasta el 3%, la cifra más baja en la última década; para 2020, su previsión era un crecimiento del 3,4%. Unas semanas antes, la OCDE, en su informe de septiembre, también revisaba el crecimiento a la baja, situándolo en el 2,9% en 2019 y justo en el 3% en 2020.

Las razones de esa desaceleración hay que buscarlas en las tensiones geopolíticas, los efectos del Brexit, las tensiones comerciales y, sobre todo, la incertidumbre asociada a todo ello. Si, como sucede, la incertidumbre se percibe como algo no puntual sino prolongado en el tiempo —sobre todo, ante la dificultad de prever la evolución del conflicto comercial—, las empresas se sitúan en una posición de «esperar y ver», postergando sus decisiones de inversión, afectando así al crecimiento tanto presente como futuro. Las consecuencias de esta situación se ponen de manifiesto, en primer lugar, en economías fuertemente exportadoras y/o en las que el sector industrial, más intensivo en capital, tiene un peso importante.

Todo ello, me lleva a analizar con más detalle el crecimiento previsto para la zona euro, donde Alemania actúa como locomotora. Alemania es la gran economía industrial y exportadora de Europa. Así, su industria representa casi el 30% de su producto interior bruto y sus exportaciones suponen el 47% del mismo y se dirigen, en más de un 62%, a países situados fuera de la zona euro. Sus principales clientes son Estados Unidos, Francia, China, Holanda, Reino Unido e Italia, y los automóviles y componentes de automóvil son su principal exportación.

Volviendo a las previsiones de crecimiento para la zona euro, el FMI prevé que el mismo sea algo mayor en 2020 que en 2019, y ello debido a que espera una fuerte recuperación de la economía alemana, que pasaría de crecer al 0,5% en 2019 a hacerlo a más del doble (1,2%) en 2020. Esto es positivo. Pero también nos lleva a preguntarnos cómo es posible si los principales destinos de exportación de la economía pivote de Europa se encuentran en desaceleración (Estados Unidos y China), estancados (Italia) o inmersos en una situación de incertidumbre tal que cualquier previsión resulta aventurada (Reino Unido). Y, además, estando su principal industria exportadora muy afectada por la contracción global del comercio y por los objetivos medioambientales.

En este sentido, la OCDE, en la actualización de sus previsiones que hace en septiembre y a la espera de ver sus previsiones completas de noviembre, se mostraba más prudente con el crecimiento en la zona euro, para la que preveía cierto deterioro del crecimiento en 2020 que sitúa en el 1%. La OCDE se muestra, en particular, mucho menos optimista que el FMI con la situación de Alemania, que espera que crezca tan solo un 0,6% en 2020, tras sufrir una de las mayores revisiones a la baja de todas las economías analizadas.

Para que Alemania actúe como motor de una recuperación europea en 2020, es necesario que el comercio internacional recupere el dinamismo que se interrumpió bruscamente en 2018, y que sus principales mercados de exportación también lo hagan, o bien que la demanda interna supla la pérdida de protagonismo que está teniendo el comercio exterior. Y, sin embargo, en este momento, ambas cosas parecen difíciles.

El comercio internacional se está viendo fuertemente perjudicado por la escalada proteccionista y ello está afectando, en primer lugar, a las economías industriales y manufactureras, que están viendo cómo caen su producción industrial y, por tanto, su ritmo de crecimiento, al reducirse la demanda global. Es el caso de Alemania que, además, ve cómo dos de sus principales mercados, Estados Unidos y China, se encuentran en desaceleración, pudiendo esta ir a más, y no pueden ser reemplazados por un mayor dinamismo en sus otros clientes, Francia, Italia o Reino Unido, este último afectado profundamente por la incertidumbre que genera el Brexit y que también afecta al conjunto de la Unión Europea.

Pero a ello se añade que la situación de freno del comercio global afecta especialmente al sector automovilístico. Ello porque se trata de una industria muy demandante de otros productos manufacturados y de productos afectados directamente por los aranceles de China y Estados Unidos (como el acero y el aluminio) y, además, está muy interconectada globalmente: la exportación de vehículos y componentes supone, ella sola, el 8% de las exportaciones globales de bienes. Esto afecta a Alemania (y también a España) de forma muy especial, ya que, como hemos visto, la automoción es el principal sector exportador alemán, también afectado por su proceso de adaptación a las nuevas normativas medioambientales.

Todo ello, situación de los mercados exteriores y afección del sector de la automoción, hace que sea difícil pensar que el repunte en la actividad en Alemania venga por el lado de la demanda externa, ya que no parece que, en este frente, la situación vaya a cambiar a corto plazo.

Respecto a la posibilidad de que el crecimiento alemán repunte en 2020 gracias a la demanda interna, tampoco parece muy probable. Ello requeriría un fuerte estímulo desde la política monetaria o desde la política fiscal. Lo primero está siendo objeto de enconado debate en el seno del Banco Central Europeo, quien, además, tiene escaso margen de actuación adicional. Lo segundo es un viejo clásico de los debates de política económica en Europa. Desde las instituciones internacionales, en particular desde la Comisión Europea, se pide a Alemania que use todo su margen fiscal, dentro de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, para reequilibrar su economía y compensar así una caída del ciclo. Hasta ahora, las autoridades alemanas han preferido mantener su superávit fiscal y reducir su ratio de deuda sobre el PIB.

En definitiva, cómo sea capaz de resistir la abierta y siempre sólida economía alemana la situación de desaceleración sincronizada global es uno de los elementos que más dudas despiertan en las previsiones de crecimiento para 2020. Y también es uno de los más críticos para aventurar cuál será la evolución a corto plazo de la economía española, que crece de forma más equilibrada que en el pasado. Dicho de otra forma, mucho depende de Alemania.

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